¿Estudiar ciencias o arte? Explorar y perderse para encontrarse

Hoy nos llega una historia desde Alemania de la mano de nuestra nueva mentora Ekpa’palek: Alexa Garin-Fernandez quien actualmente se encuentra realizando un doctorado en microbiología marina. ¿Cómo llegó ahí y qué te recomienda hacer en relación a cómo alcanzar tus sueños? Descúbrelo en este artículo que escribió para toda la comunidad latina.

Arte de Alexa Garín-Fernandez.

Soy Alexa, y siempre me pierdo. Me pierdo en mis pensamientos, en conversaciones, en las calles… ¡hasta en una isla de kilómetro y medio! Pero siempre llego a algún lugar, como decía el gato Cheshire:

‘Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo suficiente’.

Raíces bajo un sol latino

Nunca fuimos una familia con mucho dinero, pero con muchas riquezas. Mi familia vive en Arica (norte de Chile), donde recuerdo nunca nos importó mucho la nacionalidad ni cuanto dinero tenías en el bolsillo.

Más allá del apellido, nos une algo mucho más profundo: nuestra raíz y orgullo de ser Aymara.

A pesar de que nunca logré aprender el idioma (que sigue en mis planes), ser consciente de la cosmovisión e integrarla en mis principios ha sido un motor que me mueve desde lo más íntimo. Allí aprendí a amar y cuidar a nuestra Pachamama (madre tierra), a entender que no nos pertenece… y que nada en verdad es nuestro porque somos una comunidad.

Mi madre me ayudó a entender que hay razones y principios que movilizan a la gente, así como también a la naturaleza, pero que muchas de ellas no entendemos. Crecí y mi curiosidad también, y empecé a cuestionar nuestro mundo.

Conocí las artes donde podía comunicarme libre y que era un arma social, también conocí las ciencias donde podía encontrar respuestas sobre la naturaleza, así como desarrollar herramientas para este mundo contaminado y muchas veces triste… perdón, me perdí de nuevo.

Decisiones para crecer

Cuando terminé el colegio no sabía si estudiar ciencias o artes. Fue entonces que supe que abrirían nuevas carreras en la universidad de mi ciudad. Cuando consulté –esperando que hubiera licenciatura en artes– me dijeron que abrirían licenciatura en Biotecnología, ‘mira, igual es parecido’ pensé.

Postulé a la Universidad de Antofagasta (Chile), donde gracias a becas pudimos solventar los gastos para mis estudios, y en mis tiempos libres seguía dibujando o creando.

Esta carrera de ciencia aplicada se centra(ba) en la creación de productos o servicios para la zona norte del país. El foco era mucho en la minería, tema no llamativo para mí por su contaminación irreversible al ecosistema Altiplánico y las comunidades de la zona.

Pero había también profesores que investigaban otros temas y junto a elles conocí la microbiología. En ese tiempo conocí a Martha Hengst y Cristina Dorador, científicas que nos ayudaron a cuestionar y direccionar nuestras propias preguntas en un proyecto científico valorable. Cristina también viene del norte y pudo estudiar su doctorado en el extranjero, ambas me dieron fuerzas para intentarlo.

Con mucho miedo le escribí a Antje Wichels, una científica en Alemania que trabaja con virus de bacteria (bacteriófagos).

Me contestó que lamentablemente no había fondos para aceptar a un doctorante, pero que podríamos postular a las becas DAAD (https://www.daad.de/en/) para que financiaran mi estadía en su laboratorio. Agradecida por la oportunidad, escribimos un proyecto juntas y a pesar de que la primera vez no quedé, la segunda vez que postulamos me aceptaron para realizar un doctorado en Alemania.

Alejarse de las raíces para florecer

Llena de miedos, lágrimas al dejar a mi familia, pero emocionada por esta aventura, partí a Alemania. Mi primera parada fue Dresde, donde por 6 meses aprendí alemán. Fue maravilloso compartir con personas de cada continente, donde también me di cuenta de que muy pocos éramos indígenas, y que el ser Aymara era un tesoro único e invaluable.

Después empecé mi doctorado en Helgoland, una isla de kilómetro y medio en el mar del Norte. Allí conocí a mis mejores amigos, e incluso a quien hoy es mi esposo. Actualmente estoy en un programa de doctorado en microbiología marina (https://marmic.mpg.de/marmic/), y trabajo en el grupo de ecología microbiana en el instituto Alfred Wegener, en conjunto con el grupo de genómica microbiana y bioinformática en el instituto Max Planck.

Al trabajar en conjunto con dos grupos de investigación me ayudó a ver diferentes enfoques de trabajo científico. No solo he podido trabajar en el laboratorio aislando bacterias y sus fagos, sino también a adaptarme dependiendo de los recursos disponibles para investigación, cada vez más escasos. He aprendido mucho sobre bioinformática, microbiología y ecología microbiana, pudiendo integrar las herramientas aprendidas en el pregrado en Chile.

Necesitamos una ciencia intercultural e interdisciplinaria en Latinoamérica, para que las diferentes perspectivas ayudan a responder preguntas científicas y necesidades sociales de una manera más íntegra y completa.

Actualmente estoy terminando de escribir mi tesis para defenderla frente a la comunidad científica local, todo ello en inglés… al menos no es en alemán.

Idiomas y crecer lejos de tu sol

Mi lengua materna es el español, pero en una isla con cerca de 1000 habitantes, casi no lo hablaba. Gracias a la beca de la DAAD, pude aprender alemán para desenvolverme en el país donde estudio. Oficialmente mis estudios son el inglés, pero muchos de mis colegas son alemanes o no hablan el idioma. Es así como me he acostumbrado a saltar de un idioma a otro y llegar al final hablar “latino Denglish” (Denglish = Deutsch/alemán + English/inglés). Por supuesto que muchas veces me siento insegura al hablar en otro idioma y que mi acento provoque confusión, pero alemanes aquí también están aprendiendo inglés, así como gente de habla inglesa aquí aprenden alemán.

En sí, todos estamos aprendiendo. Creo que es la idea de la integración, donde todos compartimos y aprendemos a trabajar en equipo independiente de nuestros orígenes.

Aunque aquí se sobrevive hablando inglés, siento que, para vivir el lugar, conocer su gente y sus realidades, necesitamos hablar en el idioma local. Cuando nos sacamos la bata de laboratorio, tengo la oportunidad de aprender sobre este país, y darme cuenta de que compartimos más de lo que creemos. Aunque hablemos otra lengua, los dolores que nos provocó la tiranía son comunes, el manejo de los medios a provocar miedo a lo diferente, así como basar tu felicidad en cuanto dinero hay en tu tarjeta de crédito son –para mí– incongruencias comunes para ambos países.

Pero también en ambos hemisferios hay gente que busca romper esas barreras que van más allá de tu apariencia o recursos… todo esto lo pude conocer gracias a saber el idioma del país donde hoy resido.

Y si te da miedo hablar en otro idioma, una cerveza ayuda a relajarte 😉

Otros frutos

Como mencioné anteriormente, me gustan mucho las artes. En Chile ayudaba con mis animaciones y diseños en algunas obras de teatro, también dibujaba comics y apoyaba en organizar eventos con ilustradores chilenos. Hoy más lejos, cuando tengo un momento libre siempre dibujo. También he podido ver un teatro diferente, ir a conciertos, exposiciones y festivales locales.

El vivir en la isla me limitó el viajar, pero no era imposible. Gracias al apoyo de las científicas que he conocido en este recorrido, he podido reencontrarme con el dibujo y las artes después de mucho tiempo. Actualmente la difusión científica me llama mucho la atención, donde puedo utilizar mis cómics para explicar conceptos científicos, así como también compartir lo que es la vida de una estudiante de doctorado.

Si te interesa puedes encontrarme en las redes sociales como @microbiobac o en http://www.mic-robio.net.

He tenido el privilegio de conocer a gente en Chile y Alemania que me han apoyado a seguir mis sueños y he podido obtener becas que me ayudan a vivirlo. Como mujer e indígena, el camino no es fácil, pero necesitas respirar hondo y recordar por qué estás aquí. Hoy cuando miro el camino que he llevado, no es claro ni recto, pero me da orgullo porque es mi propio camino que he explorado.

Para ti, que también quieres florecer

Si lees mi historia, no quiero decirte que sigas mi camino, quiero decirte que sigas el tuyo propio y que seas consecuente con tus sueños y principios.

No es fácil, porque todo camino nuevo es único, este es un camino que solo tú puedes llevarlo a cabo para tu propia felicidad. Salir de tu zona de confort no es fácil, pero seguro vale la pena. Estudiar afuera no sólo es duro porque te enfrentas a otro sistema académico, a veces puedes sacrificar relaciones que nunca volverán porque tú te fuiste. Es duro que después de un largo día en una ciudad donde siquiera sabes preguntar la hora en la calle, llegas a casa frustrada y solo quieres compartir un té con tu mamá y tu hermana… pero no, siquiera tu gata está; allí estas tú sola en ese cuarto vacío, y allá ya es muy tarde para llamarles.

Pero estos desafíos te hacen crecer y florecer.

Cuando por fin puedes viajar a ver a tu familia, es tan llenador abrazarles fuerte y decir ‘Aquí estoy, y estoy bien’, luego le compartes aventuras, y esa tarde triste ya es lejana. Si tienes un sueño, síguelo. Busca becas y postula cuanto sea necesario, en tu camino también encontrarás gente que te apoyará en crecer. Si quieres seguir estudiando ciencias, contacta gente que trabaje en temas que te agraden y consúltales. Quienes componen la comunidad científica son gente como tú y yo, con miedos y pasiones, ambos aprendiendo y buscando crear ciencia de calidad.

Un ecosistema se fortalece si la diversidad crece, lo mismo pasa en las comunidades humanas; si quieres salir a estudiar ciencia en otros horizontes, date la oportunidad de explorar que sólo te hará crecer y enriquecer. Ten orgullo de tus orígenes, más aún si son indígenas, pero con el humilde deseo de aprender.

No hay un camino claro para nadie, siempre nos perdemos. Pero no estamos solas/solos en esta exploración de llegar a nuestras propias metas. Las raíces son las bases para que florezcamos y demos frutos. Jallalla!

Alexa Garin-Fernandez

Desde Ekpa’palek agradecemos a Alexa por compartir su historia así como le agradecemos el seguir apoyando a nuestros mentees dándoles consejos y animándolos/as a siempre ir por más como mentora en nuestro programa de mentorías profesionales. Si están interesados/as en contactarse con ella a través de nuestro programa de mentorías profesionales no duden en hacerlo visitando nuestra website (www.ekpapalek.com).

Un pensamiento en “¿Estudiar ciencias o arte? Explorar y perderse para encontrarse

  1. Me enorgullece tu crecimiento, verte a los ojos con amor y pensar que has conocido la felicidad, mantenerla es un trabajo diario. Eres una gran MENTORA.

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